jueves, julio 9

Basta !

Juego al mortal-kombat con la heladera, para atacarme, para tener un motivo más para llevarme los dedos a la boca, y terminar en la cama odiándome por no haber tomado suficiente agua para despedir suficientes calorías humillantes. Para culparme por haber tragado tanto, y por querer seguir haciéndolo. Por mentir, por manipular al espejo con una mirada cautivadora.

La mentira es un arma de doble filo. Me ayuda a revestir mi dolor, y también lo acrecienta. Nadie imagina lo que hago por las noches, por lo tanto, sigo haciéndolo. ¿Hasta cuándo?
¿No puedo o será que no quiero parar? Tan masoquista no creo ser. Me gusta el dolor, pero odio sufrir. Sufrir por odio; por quererme tan poco; amar demasiado, envidiar desmedidamente.
Lo peor es que, aunque me dé cuenta del error. No hago nada para evitarlo. Vuelo a equivocarme, regreso a la heladera, al borde del abismo, al filo que no dejo de rozar.
Caigo, me levanto un centímetro, y me entierro en un pozo de 19 metros.

Cuesta salir del problema cuando el problema soy yo.
¿Cómo me freno? ¿Cómo luchar conmigo, contra mí?

¿Quién me salva de mí misma? ¿quién?

Para qué buscar refugio, para qué... siempre termino descifrando las pistas que yo misma dejo. Me encuentro, abuso demiedo, un par de golpes, y pastillas para dormir.