sábado, agosto 29

It's time to leave

me marcho, y no gasto fuerzas en retenerla porque se quiere ir.
Aquella mujer desconocida me habla y no entiendo lo que dice.
No sé porqué llora, no puedo entrar a su alma, aún teniendo una mirada cálida, consigo saber que no se siente en paz.
pero ¿por qué?
me encanta ese brillito en los ojos que sólo yo veo, es bonita y creo que no se reconoce como tal. Me odio y no sé porqué tanto, no sé porqué ... aún me quedan motivos para aceptarme, pero no.
no los veo, no encuentro manera de ocultárselos a mis inútiles impulsos autodestructivos que nunca llegan a lograr el objetivo.

Creo que la única que me entiende es mi perra, y creo ser la única que logra distinguirla entre sus propios fantasmas. No sé, siempre la sentí tan igual. Nos mimetizamos y ahora nos cuesta tomar distancia, aunque muy bien nos salga perdernos.

Odio los ruidos, los gritos ó tonos graves me alteran demasiado. La música fuerte también me golpea. El llanto de nenes malcríados y las lágrimas de adultos desquiciados también me aturden. Nadie sabe diferenciar mis estados de paz, y angustia. A mí tampoco me sale, no se sientan mal.
No me molesta que hablen, me encanta hablar y ser escuchada. Me gustaría aprender a hacerlo.
Pienso en voz alta, y sé cuánto le molesta a los oyentes. Percibo todo, puedo leer a las personas a través de una mirada, un gesto, un movimiento. A veces me bastan tres palabras para sacarle la ficha. Imagino demasiado, deliro sin moderación. Admito que duele caer, pero también acepto la consecuencia ya que yo decido volar alto, porque me fascina el aire. Sentir el viento de libertad rozar mi carita de ángel obesito y siniestro me da mucha paz. Y puedo quedarme horas disfrutando el cielo, lo disfruto tanto que a veces lloro. Y tiendo a atacar la heladera, por lo que después considero necesario mensajearme con amigos, psiquiatras, ó escribir entradas en este blog que me encanta, o bueno, le voy tomando más cariño con el tiempo. Empecé odiándolo, tiene menos personalidad, es una copia tan barata de personas caras. Y acá se hace visible mi padecimiento más cruel: envidia. Considerándola una enfermedad, la peor de todas para mí, intento tratarla y analizar el motivo: ¿qué la ocasionó? ¿por qué se agravó tanto? ¿De dónde pude saqué todo este odio? ¿por qué no puedo soportarme? ¿por qué dura tan poco el cariño?
Contradictoriamente, no me resulta nada complicado amar. Cuando la persona pasa el examen de percepción, instantáneamente tiene desde ese momento entrada libre y gratuita a mí. Abro demasiado las puertas, y a veces por corregir mal, terminan robándome todo. ¡ladrones ladrones! Para hacerme la víctima soy la mejor. No dudo nunca en desligarme de culpas, y eso es lo que lleva a sentirme culpable, mentirosa, manipuladora, obsesiva. Suelo sentirme inútil para amar, y creo que es ese motivo el que me conduce a la incapacidad. Tal vez si confiara más en mí, podría ignorar mis miedos, e inseguridad, y quizás así sentiría la esplendidez de sentirme, valga la redundancia, enamorada. Asumo que soy fácil de sentir, pero debo entender que tampoco puedo singularizar amor con necesidad. Sufro los mismos síntomas a la hora de amar o necesitar. Dependiente a más no poder, puedo a su vez, independizarme (sólo cuando quiero, malditos caprichos). No le tengo miedo a nada, sin embargo, me cuesta limitar mi desconfianza. Situo mi sensibilidad en todo el mundo. creo que todos son iguales a mí, por lo que si yo soy incapaz de hacerme daño, ellos también lo son: teorías que fallan; "estás mal, escuchá lo que decís, te odiás, llamá a la ambulancia, estás en crisis mi amor"
quizás estoy muy tranquila, o quizás la angustia me da paz ¿puede ser, entonces, la felicidad un detonante de desestabilización?
Me canso fácil, me aburro de todo muy rápido, y cuando digo "todo" me incluyo a pesar de sentirme nada. Soy un poco masoquista, es verdad que nadie me obliga a entrar al "infierno", y también es cierto que cuando lo hago, ardo mucho. Me topo con una llama que no tiene fin. y es en ese momento donde maldigo al diablo; lo culpo de todos mis malestares. Aún así, sigo visitándolo de vez en cuando.
Es increíble el poder que tengo de manipular, engaño hasta a la pobre criatura que está delante de mí, cuando me miro en el espejo. Como si creyera el cuento de que con una sonrisa se puede apagar el fuego.
Ahora caigo en la cuenta y veo que hice una pequeña pero válida descripción de lo que soy, o creo ser.
Estar mal, no está tan mal, ya que a veces puede ser productivo.
Lo bueno es que no estoy mal; lo malo: necesito saciar una necesidad.