Ya no sé qué decir. Hoy no puedo ignorar los recuerdos; los ataques que me agarran cada 26.
Naciste un día 26. Por eso cada día revivo emociones, vuelvo a sentirte. Te amaba, y ahora entiendo porqué. Todo este tiempo no pude detenerme (mucho) a pensar en vos. Pero hoy merecés entrar de nuevo, porque sé que no vas a tardar en salir. Recuerdo tus abrazos, tus manos blancas y poco arrugadas, tus ojos cansados, tristes. Tu pelo que amaba, y odiaba cuando tocabas el mío. Iba destruída. Muchas veces comenzaste a reír por reconocer que hacía dos días tenía la misma ropa. Me moría de verguenza, pero me abrazabas igual. Despeinada, destrozada, cortada, agujereada, vos me abrías las puertas. Renegabas cuando no hablaba, y te divertías y emocionabas cuando sacaba conclusiones que generalmente acertaba. Estabas desconforme con la vida que tenías, si bien, amabas a tu familia, y tus pacientes, y todo, te faltaba ALGO. Te sentías sola, y recuerdo que varias veces me agradeciste por ayudarte. Llorabas, de impotencia según vos. Yo, suponía y comprendía que no era sólo eso. Tenías problemas con tu pareja, tu familia te ahogaba, recordabas mucho a tu papá y si bien le reprochabas cosas, lo extrañabas y le agradecías la vida. Una vez intentaste sacarme una foto, juntas. No salió (bien) porque obviamente tenía terror al flash. Pero la conservaste, y conservo la charla donde platicábamos con uno de tus hijos que te preguntaba si era yo la que estaba en la foto de tu display. El nene dijo, ¡pero no es fea! Me cargaste tres días con eso. Recuerdo también tus uñas largas y generalmente con esmalte rojo. Tus manos suaves que me sostenían cuando me angustiaba mucho. Cerrabas las manos, "lastimándote" con las uñas la palma de la mano. Yo pregunta: ¿qué pasa? ¿te sentís mal? contame. - es una forma de descargar la impotencia - decías. - te estás lastimando también, no es bueno y lo sabés - insistía yo. - gracias por entenderme tanto - repetías. No era tan difícil. Eras una persona muy buena dentro de ese consultorio, y también por celular. Amaba madrugar con tus mensajes. Amaba que me amabas, aunque no sabía cuánta verdad había en esas frases que jamás podré olvidar. Te odié mucho, quizás porque me costaba aceptar que no podía tenerte para mí SIEMPRE. Me costaba separme, pues a tu lado me sentía bien, sabía que me abrazarías y no tendrías miedo que las paredes escucharan lo que hablábamos. Temías por mí. Una vez me fuiste a visitar a la clínica. Recuerdo que te pedía POR FAVOR que me sacaras de ahí; me decías que no era tan fácil, pero si te prometía que me iba a portar bien podrías autorizar y hacertee cargo de las consecuencias, para que de este modo, me dejaran libre. Me desesperaba por verte. Te necesitaba mucho, recuerdo. Olvidé el porqué. Cada noche entraba al consultorio con cara de orto. Siempre atacándote, para que reaccionaras. Nunca lo conseguía. Me ganabas. Tu humor, tu sonrisa o tu enojo, me obligaba a abrirme por miedo a que cerraras las puertas: no quería que me abandonaras. Hablabámos de cualquier boludez, cuando ya no tenía más por decir. Mi vida carecía de sentido, y yo había perdido el rumbo, por lo que me gustaba mucho oír tus historias. Querías ser arqueóloga, y tu papá te lo impidió. Eras sexóloga también, después me enteré. Tu perfume! omfg! ¡cómo lo extraño! me encantaba robarte alguna que otra pertenencia porque todo tenía OLOR A VOS. Y vos me calmabas. Reíamos mucho, llorábamos muy poco. Peleábamos bastante, pero yo te necesitaba y de alguna manera volvía, sin saber cómo nos amigábamos. Extraño extrañarte, amarte, extraño tus ojos, tu pelo, tus manos, tu perfume. Te extraño porque ya te olvidé.-
Y nos hicimos mucho daño; no puse voluntad, y no tenías MUCHA paciencia. Pero te necesitaba, y vos coincidías conmigo.
¿Entonces por qué hoy tengo que recordar esto? ¿por qué me cuesta darle otro color y humor a los 26?
hace poco conocí a una amiga. creo que también fue un 26.
¿motivo suficiente para reemplazarte por ese 26 con mi amiga?
...
screaming without words.-