Pocas son las veces que entiendo los motivos por los que actúo de manera extraña.
Hay algo que no está funcionando, y por obvias evidencias supongo que es la razón.
Por mucho tiempo senté que era un títere manipulado e incapacitado.
Impaciente, no tuve opción que aguantarme a duras penas la resignación. Era un hecho que viviese así para siempre, aunque los genios se preguntaban ¿eso era vida?
No poder decidir sobre uno, estar sentenciado a hacer, sentir y ser lo que a otro le antojase. Una dolorosa especie de esclavitud de deseos ajenos.
Estuve en la cárcel de emociones durante muchos años, y fue allí donde comprendí que no había retorno, sólo la posibilidad de enfrentar ciertas entradas y salidas, entre ellas, la muerte. Decidí, entonces, atarme a los hilos de impulsividad y ser gobernada por la I N E S T A B I L I D A D.
Todavía no entiendo para qué existe la justicia si nadie la administra.