lunes, septiembre 28

juguemos en el bosque, mientras el lobo no está.

Sabrá Dios porqué me hizo así. ¿Qué motivos habrá tenido para crearme, cagándole la existencia a muchos?
¿Sabré yo algún día las razones por la que me empeño tanto en inventar excusas para justificar mi constante rechazo? ¿Podré librarme de La culpa? ¿Me querré, o diré que soy demasiado buena? ¿me odiaré por ser tan mala después, entonces? Me ahogaré en este infierno, o nadaré profundo hasta congelarme en un témpano de hielo?

Quiero recuperar el deseo; de vivir.
soñar.
respirar.
Quisiera que tuvieras las fuerzas para darme aire.

Moriría por saber si eres capaz de apagarme el fuego con un abrazo, moriría te juro.

Sé que soy la ovejita, no debí haber nacido, pero diva yo no tuve la culpa. Nací mal, en un mal momento, lamentablemente en una buena familia, pero yo... yo no supe adaptarme a la vida, que no había pedido. No rogué salir de ahí, ni siquiera tenía el valor para enfrentarme a esto... temía volver a sentir ese miedo. estoy aterrada, ¿acaso nadie lo ve?

Es una ira incontrolable. Se me escapa del cuerpo la bronca y la desesperación me consume. Atada a un lazo de autodestrucción que nunca puedo cortar. La relación con la muerte no cambió. Sólo mentí, y sigo haciéndolo a cada noche: cuando me agarra ese horrible impulso, si bien, estoy conciente o mejor dicho, inconciente de cómo y dónde terminaré, decido ignorar el futuro y pensar en HOY: ahora me siento pésimo voy a acabar con esto.
Lo gracioso o tortuoso es que NUNCA termina, nunca.
Siempre aparece otra razón por la cual llevarme los filos a la piel, la comida a la boca, o las pastillas a la mochila de intentos fallidos.

Voy a comer porque mi hermano se niega a hacerlo sin mí.
Maldito imitador, ¿no podías elegir otro ejemplo, uno mejor?