jueves, febrero 17

El pesimismo caluroso impidió que soñara en paz. Me levanto y tropiezo con mamá que remodela la casa. Le pregunto si me puede pintar la vida de otro color...

Entendí que si pretendo ver el sol debo dejar de taparlo con el torso; que si me quiero querer primero tengo que sacarme todo el atuendo de hidratos de carbono que tengo encima.

En pocos días me opero, y lamento que no me puedan trasladar a otro cuerpo donde tendría la oportunidad de desarrolllarme nuevamente nuevo, continuando con éxito el proceso y deseo de reducción.
Me ubico gorda y vacía. ¡Qué ridícula contradicción!