miércoles, abril 13

Tengo ganas de vomitar. De meterme los dedos hasta el fondo de la garganta y expulsar la angustia ácida que quema las gruesas paredes de mi cuerpo, intentando quizá, prenderme. Incendiarme de dolor.
Estoy muy gorda, MUY. Creo que la balanza ya no marca en kg sino toneladas. Números específicos de cifras grotescas, puras de una persona con problemas alimenticios de la mano de fallas mentales.
De las 23 horas del día que estoy durmiendo  despierta, 22 la paso comiendo. Es así de crítico mi estado. 
A veces, es tan grande el vacío (que la comida intenta llenar) y la soledad, que escucho el estallido de los cables pelados en mi cabeza cuando chispean al desunirse, y eso believe me, me aterra.
Siento que no soy la única víctima de mi cuerpo; hay alguien más dentro de mí. Hablo de lo que vive dentro de mi estómago, una especie de bicho raro, un monstruo chiquito y poderoso. Se apodera de todas las partículas que componen mi materia. Me consume las neuronas, son su plato favorito.
Así que de esta manera me limito a pedir justicia por este envase no retornable que me contiene abrazada a él, forzada a vivir en simbiosis.
Necesito liberarme de él, por favor Dios quítamelo! Llévame lejos!

[llévame... del dolor, que está oscuro y no oigo tu voz, sólo quiero respirar, que esta noche me va a matar... dame un beso algo que me haga al fin regresar, y llorar en tus brazos al final, que aún hay tiempo para escapar... ]