miércoles, octubre 12

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Es una noche muy triste. Todo empeoró cuando recibí un sms de ella, del amor de mi vida, pidiéndome tiempo, un espacio, porque su tristeza no cabía si yo estaba dentro de sí. Se siente mal, y no puedo hacer nada para mejorar su situación.
Por el contrario, decido inevitablemente ahogarme en mi propia angustia. Tan triste me siento que el dolor de corazón se torna literal. Me duele el alma de nuevo. Quiero parar el dolor con más dolor, porque realmente siento que mi vida acabó.
Sin querer sonar como una diabética dependiente de insulina, que en este caso, sería Ella, no puedo dejar de pensar que no hay tragedia más cruel que este alejamiento. Que ni siquiera la muerte ahora me resulta tan molestamente dolorosa.
Siento que me sangran hasta los ojos, que estoy llorando por dentro tan fuerte que Dios me manda señales del Sol por lástima, para calmarme. Pero nada es suficiente ahora.
Ella era mi fuerza y debilidad. Por ella luché tanto tiempo. La esperé demasiado.
Ella me trajo felicidad. Sus manos como bandeja me condujeron al mismísimo paraíso. El que soñé toda la vida.
No sé si llamarla y pedirle que me venga a buscar por favor, que me ame y se olvide de todo lo demás. En realidad sé que no es la solución, porque si ella pidió tiempo fue porque lo necesitaba. Pero yo necesito de ella más que del oxígeno.
Es el momento más difícil de mi vida, y la decisión más difícil acaba de tomar.
Siento este "hasta luego" como una entrada al infierno, en el que ardí durante tantos años. Siento esto como un final. Como que todo vuelve a comenzar... Me siento indefensa; veo que los fantasmas se acercan y no está Ella aquí para defenderme de todo. Ella me alejaba de todo mal. Y ahora quién lo hará? No me creo capaz para pelear contra mí, no ahora, no esta vez.

Dios ayudame por favor.
Dame la fuerza para no volver a caer en la SANGRIENTA tentación de querer dejar de VIVIR.

Morir me siento, me siento morir.-