Me consume la idea del suicidio puesto que de nada sirve depender de un respirador para vivir. No quiero seguir respirando sin emoción, sin ganas.
Quiero, quiero pocas cosas, desenchufarme de esta angustia en forma de silla eléctrica, es el único deseo que dispongo momentáneamente.
Ya nada me divierte, todo pierde su sentido, hasta las fuerzas perdí. Todo el tiempo me siento triste, quiero llorar a cada rato pero suprimo el llanto porque creo que es la manera más efectiva de mantenerme en línea, en línea de no desatar el desequilibrio.
Veo Alicia en el País de las Maravillas y deliro con perderme en algún agujero fantástico, alguno lejos y diferente a mi propio y auténtico vacío interior.
Breathless.